En un proceso de custodia, uno de los progenitores necesitaba demostrar conductas inapropiadas del otro.
Nuestro equipo recopiló evidencias sobre hábitos perjudiciales, como beber y drogarse frente a los menores, conducir tras esto con los menores en el interior del vehículo y a altas velocidad, dejadez y falta de atención a los menores.
El juez otorgó la custodia al cliente priorizando el bienestar del niño.